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segunda-feira, 1 de julho de 2024

A Regra de São Macário

COMIENZA LA REGLA DE SAN MACARIO[1] ABAD,

QUE TUVO BAJO SU JURISDICCIÓN A CINCO MIL MONJES


Capítulo 1

                1Los soldados de Cristo deben acomodar sus pasos del siguiente modo: 2observando perfectísimamente la caridad entre sí, 3y amar a Dios con toda el alma, con toda la mente, Con todo el corazón y con todas sus fuerzas[2].

Capítulo 2

                1Practicando continuamente entre sí una perfectísima obediencia, 2pacíficos, mansos, moderados, 3no (siendo) soberbios, ni injuriosos, ni murmuradores, ni burlones, ni demasiado locuaces, ni presuntuosos, 4no buscando su propio deleite sino el de Cristo, para quien militan; 5sin complacerse en hablar mal ni en contradecir a alguien; 6no (siendo) perezosos en su servicio, prontos para la oración, 7perfectos en la humildad, dispuestos a la obediencia, asiduos a las vigilias, gozosos en los ayunos.

Capítulo 3

                1Nadie se juzgue a sí mismo más justo que otro, 2sino que cada uno se tenga en poco y se considere inferior a todos, 3porque el que se exalta será humillado y el que se humilla será exaltado[3].

Capítulo 4

            1Recibe la orden de un anciano como la salvación. 2No hagas ningún trabajo murmurando. 3No opongas a una orden una respuesta negativa.

Capítulo 5

            1No te enorgullezcas o te exaltes cuando hagas una obra útil. 2No te alegres si has logrado alguna ganancia, 3ni te aflijas si has sufrido una pérdida.

Capítulo 6

            1No te dejes arrastrar por ninguna familiaridad hacia el siglo, 2sino que todo tu amor permanezca en el monasterio. 3Considera el monasterio como un paraíso, 4confía en que tus hermanos espirituales serán tus parientes eternos.

Capítulo 7

            1Teme al prepósito del monasterio como a Dios mismo, ámalo como a un padre. 2Igualmente es necesario también amar a todos los hermanos, 3con quienes también confías verte en la gloria de Cristo.

Capítulo 8

                1No odies el trabajo penoso, 2no busques la ociosidad; 3agotado por las vigilias, empapado de transpiración por los trabajos justos, durmiendo mientras caminas, 4llega cansado al lecho, y cree que tú reposas con Cristo.

Capítulo 9

                1Y, por sobre todo, ama el curso litúrgico del monasterio. 2Quien verdaderamente quiera orar con frecuencia, 3encontrará una más abundante misericordia junto a Cristo.

Capítulo 10

            1Recitados los matutinos, los hermanos estudiarán hasta la segunda hora, 2siempre que no haya una causa, 3que obligue a suprimir también el estudio, para hacer algo en común.

Capítulo 11

            1Después de la segunda hora cada uno estará disponible para su trabajo hasta la novena hora, 2y todo lo que le sea mandado lo hará sin murmuración, 3como lo enseña el santo Apóstol.

Capítulo 12

                1Si alguno murmurara o fuera contestador, 2o se mostrara de mala voluntad en algo respecto a lo mandado, 3sea corregido como corresponde según el arbitrio del anciano y la gravedad de la falta; 4se lo mantendrá aparte por todo el tiempo que la naturaleza de la falta lo exija 5y hasta que, haciendo penitencia, se humille y se corrija como corresponde. 6El hermano que ha sido corregido no se atreva a marchar a ninguna parte.

Capítulo 13

                1Si algunos de los hermanos que están en el oratorio o que habitan en las celdas 2se solidariza con el error de él, será (considerado) culpable.

Capítulo 14

                1Dada la señal para la hora de la oración, 2aquel que no abandona inmediatamente toda obra que esté por hacer 3-porque nada se debe anteponer a la oración-, para estar disponible, 4será dejado afuera, para que se avergüence.

Capítulo 15

                1Cada uno de los hermanos hará verdaderamente un esfuerzo, 2para que en el tiempo en que se celebran los oficios -en las vigilias deben velar-, 3cuando todos se reúnen, 4aquel que esté abrumado por el sueño, 5que salga afuera y no se ocupe en fábulas, 6sino que inmediatamente vuelva a la obra para la cual se han reunido. 7En la reunión misma donde se hace la lectura, 8tengan siempre el oído (atento) a las Escrituras y observen todos el silencio.

Capítulo 16

                1Se tuvo que agregar también esto: 2el hermano que por cualquier falta es acusado o reprendido, 3tenga paciencia y no responda al que lo reprende, 4sino humíllese en todo, según el precepto del Señor que dice: 5Dios da la gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios[4], 6y quien se humilla, será exaltado[5].

Capítulo 17

                1A aquel que, corregido a menudo, no se enmienda, 2se le ordenará colocarse en el último lugar en el orden (de la comunidad). 3Si ni siquiera así se enmendara, 4se lo tratará como a extranjero, tal como lo dice el Señor: Que sea para ti como un pagano y un publicano.

Capítulo 18

                1En la mesa, especialmente, nadie hablará, 2excepto el que preside y aquel que fuera interrogado.

Capítulo 19

                1Ninguno se enorgullecerá de su pericia ni de su voz, 2sino que se alegrará en el Señor por la humildad y la obediencia.

Capitulo 20

                1Cultiven la hospitalidad en todas las circunstancias, y no apartes los ojos para dejar al pobre sin nada, 2no sea que el Señor venga a ti en el huésped o en el pobre, 3te vea dudar y te condene. 4Pero muéstrate alegre con todos y obra fielmente.

Capítulo 21

                1“Al padecer una injuria, calla”. 2“No sepas hacer injuria, (pero) sé capaz de tolerar la que te hagan”. 3Que no te seduzcan consejos vanos, 4sino afírmate siempre más en Cristo. 5No estimes (tener) parientes más próximos que tus hermanos, 6que están contigo en el monasterio.

Capítulo 22

                1Si hay que ir a buscar las cosas necesarias para el monasterio, saldrán dos o tres hermanos, 2 y solamente aquellos a los que se les tiene confianza, 3no los que se entregan a la charlatanería o la gula.

Capítulo 23

                1Por tanto, si alguien quisiera dejar el mundo y llevar vida religiosa en el monasterio, 2se le leerá la regla al entrar y se le expondrán todos los usos del monasterio. 3Si acepta todo buenamente, entonces sea recibido dignamente por los hermanos en el monasterio.

Capítulo 24

                1Si quisiera traer algún bien (material) al monasterio, 2sea puesto en la mesa ante todos los hermanos, como lo prescribe la regla. 3Si fuera aceptada la ofrenda, no sólo del bien que trajo, 4sino tampoco ni de sí mismo podrá disponer desde aquel momento. 5Pues si algo distribuyó anteriormente a los pobres o, viniendo al monasterio, trajo alguna cosa para los hermanos, 6sin embargo, (ya) no le es lícito tener alguna cosa en su poder.

Capítulo 25

                1Si después de tres días quisiera irse por cualquier motivo de discordia, 2no recibirá absolutamente nada sino el vestido con el cual vino; 3y si muriese, ninguno de sus herederos debe ir (al juez). 4Si quisiera impulsar (un juicio), 5se le leerá la regla, y (así) se lo cubrirá de vergüenza y se irá confundido, 6porque también le fue hecha la lectura a aquel que exigía los bienes.

Capítulo 26

                1Por tanto, por cualquier causa que faltare un hermano, 2será excluido de la oración y sometido a rigurosos ayunos. 3Si pidiese perdón postrado delante de todos los hermanos, se lo perdonará.

Capítulo 27

                1Pero si quisiera persistir en su pecado y soberbia y dice: 2“No puedo seguir, pero tomaré mi manto y me iré donde me quiera Dios”, 3el primero de los hermanos que le oiga decir esto, 4se lo referirá al prepósito, y el prepósito al abad. 5El abad se sentará delante de todos los hermanos, 6mandará traerlo, (y después) de corregirlo con golpes, se hará oración (por él), y así se lo recibirá en la comunión. 7Porque si no se enmendara con sana doctrina, se curará con golpes.

Capítulo 28

                1Si por casualidad algún hermano quisiera salir del monasterio por cualquier motivo de discordia, 2nada absolutamente se le pondrá sino un vestido ridiculísimo, 3y que se vaya el infiel fuera de la comunión. 4Pues los mansos y los pacíficos se apoderan del reino de lo alto, 5y son contados como hijos del Altísimo, y reciben preciosas coronas resplandecientes; 6en cambio, los hijos de las tinieblas irán a las tinieblas exteriores[6]. 7¿Sobre quién descansaré, dice el Señor, sino sobre el humilde, el paciente y el que teme mis palabras?

Capítulo 29

                1He aquí también algo que debe observarse: 2los que infringen el ayuno en la cuarta (miércoles) y la sexta (viernes) feria se hacen pasivos de una pena grave.

Capítulo 30

                1Esto también hay que agregar: 2que dentro del monasterio nadie haga artesanía, 3sino aquel cuya fe fuera probada, 4y que hará lo que pueda hacer para utilidad y para las necesidades del monasterio.



[1] Macario nació en el alto Egipto, hacia el año 300, y pasó su juventud como pastor. Movido por una intensa gracia, se retiró del mundo a temprana edad, confinándose en una estrecha celda, donde repartía su tiempo entre la oración, las prácticas de penitencia y la fabricación de esteras. Una mujer le acusó falsamente de que había intentado hacerle violencia. A resultas de ello, Macario fue arrastrado por las calles, apaleado y tratado de hipócrita disfrazado de monje. Todo lo sufrió con paciencia, y aun envió a la mujer el producto de su trabajo, diciéndose: «Macario, ahora tienes que trabajar más, pues tienes que sostener a otro». Pero Dios dio a conocer su inocencia: la mujer que le había calumniado no pudo dar a luz, hasta que reveló el nombre del verdadero padre del niño. Con ello, el furor del pueblo se tornó en admiración por la humildad y paciencia del santo. Para huir de la estima de los hombres, Macario se refugio en el vasto y melancólico desierto de Escete, cuando tenía alrededor de treinta años. Allí vivió sesenta años y fue el padre espiritual de innumerables servidores de Dios que se confiaron a su dirección y gobernaron sus vidas con las reglas que él les trazó. Todos vivían en ermitas separadas. Sólo un discípulo de Macario vivía con él y se encargaba de recibir a los visitantes. Un obispo egipcio mandó a Macario que recibiera la ordenación sacerdotal a fin de que pudiese celebrar los divinos misterios para sus ermitaños. Más tarde, cuando los ermitaños se multiplicaron, fueron construidas cuatro iglesias, atendidas por otros tantos sacerdotes.

Las austeridades de Macario eran increíbles. Sólo comía una vez por semana. En una ocasión, su discípulo Evagrio, al verle torturado por la sed, le rogó que tomase un poco de agua; pero Macario se limitó a descansar brevemente en la sombra, diciéndole: «En estos veinte años, jamás he comido, bebido, ni dormido lo suficiente para satisfacer a mi naturaleza». Su cuerpo estaba debilitado y tembloroso; su rostro, pálido. Para contradecir sus inclinaciones, no rehusaba beber un poco de vino, cuando otros se lo pedían, pero después se abstenía de toda bebida durante dos o tres días. En vista de lo cual, sus discípulos decidieron impedir que los visitantes le ofrecieran vino. Macario empleaba pocas palabras en sus consejos, y recomendaba el silencio, el retiro y la continua oración -sobre todo esta última- a toda clase de personas. Acostumbraba decir: «En la oración no hace falta decir muchas cosas ni emplear palabras escogidas. Basta con repetir sinceramente: Señor, dame las gracias que Tú sabes que necesito. O bien: Dios mío, ayúdame». Su mansedumbre y paciencia eran extraordinarias, y lograron la conversión de un sacerdote pagano y de muchos otros.Macario ordenó a un joven que le pedía consejos que fuese a un cementerio a insultar a los muertos y a alabarlos. Cuando volvió el joven, Macario le preguntó qué le habían respondido los difuntos. «Los muertos no contestaron a mis insultos, ni a mis alabanzas», le dijo el joven. «Pues bien, -le aconsejó Macario-, haz tú lo mismo y no te dejes impresionar ni por los insultos, ni por las alabanzas. Sólo muriendo para el mundo y para ti mismo, podrás empezar a servir a Cristo». A otro le aconsejó: «Está pronto a recibir de la mano de Dios la pobreza, tan alegremente como la abundancia; así dominarás tus pasiones y vencerás al demonio». Como cierto monje se quejara de que en la soledad sufría grandes tentaciones para quebrantar el ayuno, en tanto que en el monasterio lo soportaba gozosamente, Macario le dijo: «El ayuno resulta agradable cuando otros lo ven, pero es muy duro cuando está oculto a las miradas de los hombres». Un ermitaño que sufría de fuertes tentaciones de impureza, fue a consultar a Macario. El santo, después de examinar el caso, llegó el convencimiento de que las tentaciones se debían a la indolencia del ermitaño; así pues, le aconsejó que no comiera nunca antes de la caída del sol, que se entregara a la contemplación durante el trabajo, y que trabajara sin cesar. El otro siguió estos consejos y se vio libre de sus tentaciones. Dios reveló a Macario que no era tan perfecto como dos mujeres casadas que vivían en la ciudad. El santo fue a visitarlas para averiguar los medios que empleaban para santificarse, y descubrió que nunca decían palabras ociosas ni ásperas; que vivían en humildad, paciencia y caridad, acomodándose al humor de sus maridos, y que santificaban todas sus acciones con la oración, consagrando a la gloria de Dios todos sus fuerzas corporales y espirituales.

Un hereje de la secta de los hieracitas, que negaban la resurrección de los muertos, había inquietado en su fe a varios cristianos. Sozomeno, Paladio y Rufino relatan que san Macario resucitó a un muerto para confirmar a esos cristianos en su fe. Según Casiano, el santo se limitó a hacer hablar al muerto y le ordenó que esperase la resurrección en el sepulcro. Lucio, obispo arriano que había usurpado la sede de Alejandría, envió tropas al desierto para que dispersaran a los piadosos monjes, algunos de los cuales sellaron con su sangre el testimonio de su fe. Los principales ascetas. Isidoro, Pambo, los dos Macarios y algunos otros, fueron desterrados a una pequeña isla del delta del Nilo, rodeada de pantanos. El ejemplo y la predicación de los hombres de Dios convirtieron a todos los habitantes de la isla, que eran paganos. Lucio autorizó más tarde a los monjes a retornar a sus celdas. Sintiendo que se acercaba su fin, Macario hizo una visita a los monjes de Nitria y les exhortó, con palabras tan sentidas, que éstos se arrodillaron a sus pies llorando. «Sí, hermanos -les dijo Macario-, dejemos que nuestros ojos derramen ríos de lágrimas en esta vida, para que no vayamos al sitio en que las lágrimas alimentan el fuego de la tortura». Macario fue llamado por Dios a los noventa años, después de haber pasado sesenta en el desierto de Escete. Según el testimonio de Casiano, Macario fue el primer anacoreta de ese vasto desierto. Algunos autores sostienen que fue discípulo de san Antonio, pero es imposible que haya vivido bajo la dirección de este santo, antes de retirarse al desierto. Sin embargo, parece que más tarde visitó una o varias veces a san Antonio, quien vivía a unos quince días de viaje del sitio donde habitaba san Macario. En los ritos copto y armenio, el canon de la misa conmemora a san Macario.

[2] Cf. Mc 12, 30-31; Lc 10, 27; Deut. 6, 5

[3] Cf. Mt 23, 12.

[4] Cf. Pr 3, 34; Tg 4, 6

[5] Cf. Lc 14, 11

[6] Cf. Mt 8, 12

sexta-feira, 19 de fevereiro de 2021

Venerável Romano Bottegal,

sacerdote trapista Eremita

Romano Bottegal (1921-1978), sacerdote italiano da Ordem Cisterciense de Estricta Observância (Trapistas), declarado venerável em 9 de Dezembro de 2013.

Nasceu na Itália em 1921 na província de Belluno, entrou na abadia cisterciense de Tre Fontane (Três Fontes) em Roma no ano de 1946 e emitiu os votos solenes em 1951.

Em 1964, com uma autorização especial por 3 anos, começou a sua vida de eremita no Líbano no momento da beatificação de São Charbel Makhlouf (monge eremita libanês). Em 1967, é autorizado a dedicar-se definitivamente à vida de eremítica.

Acredita que o melhor apostolado é uma vida de pobreza, oração e trabalho.

De 1969 a 1973 viveu em Israel e Líbano. Em 1976, começou uma vida de reclusão.

Doente de tuberculose e exausto pelas penitências, morreu em Beirute em 19 de Fevereiro de 1978 e foi enterrado na catedral de Saintes-Barbe-et-Thécle em Baalbeck.

quarta-feira, 10 de fevereiro de 2021

SANTA ESCOLÁSTICA, virgem e monja

Mãe do Monacato feminino Ocidental

Santa Escolástica era irmã gémea de São Bento de Núrcia, Pai do monaquismo ocidental.

Nasceu em Núrcia, região central da Itália, em 480. Eram filhos de nobres, o pai Eupróprio enviuvou quando eles nasceram, pois a esposa morreu durante o parto.

Gémea de Bento, tornou-se também gémea na busca de Deus e da santidade. A vida totalmente consagrada a Deus de Escolástica começou até antes do irmão; porém, foi aprofundada quando seguiu o irmão até que ele se instalou em Monte Cassino. Desta forma, Escolástica, fundadora das irmãs beneditinas, sempre esteve ligada com Bento.

O nome de Santa Escolástica, irmã de São Bento, leva-nos ao século V, para o primeiro mosteiro feminino ocidental, fundamentado na vida em comum, conceito introduzido na vida dos monges por São Bento. Foi o primeiro a orientar para servir a Deus não “fugindo do mundo” através da solidão ou da penitência itinerante, como os monges orientais, mas vivendo em comunidade duradoura e organizada, e dividindo rigorosamente o próprio tempo entre a oração, trabalho, estudo e repouso.

Ainda jovem Escolástica consagrou-se a Deus com o voto de castidade, antes mesmo do irmão, que estudava retórica em Roma. Mais tarde, Bento fundou o mosteiro de Monte Cassino criando a Ordem dos monges beneditinos.

Escolástica, inspirada por ele, fundou um mosteiro feminino, com um pequeno grupo de jovens consagradas. Estava criada a Ordem das beneditinas, que recebeu este nome em homenagem ao irmão, seu grande incentivador e que redigiu a Regra Beneditina que Escolástica escolheu para a sua comunidade.

São muito poucos os dados da vida de Escolástica, e foram escritos quarenta anos depois de sua morte, pelo Papa São Gregório Magno, monge beneditino. Ele recolheu alguns depoimentos de testemunhas ainda vivas para o seu livro “Diálogos” e escreveu sobre ela apenas como uma referência na vida de Bento, mais como uma sombra do irmão, pai dos monges do ocidente.

Nesta página expressiva contou que, mesmo vivendo em mosteiros próximos, os dois irmãos só se encontravam uma vez por ano, para manterem o espírito de mortificação e elevação da experiência espiritual. Isto ocorria na Páscoa e numa propriedade do mosteiro do irmão. Certa vez, Escolástica foi ao seu encontro, acompanhada por um pequeno grupo de monjas do seu mosteiro. Passaram todo o dia conversando sobre assuntos espirituais e sobre a vida da Igreja.

Quando anoiteceu, Bento, muito rigoroso à Regra disse à irmã que era hora de se despedirem. Mas Escolástica pediu para passarem a noite, todos juntos, conversando e rezando. Contudo São Bento manteve-se intransigente dizendo que deveria ir para o mosteiro. Neste momento, Santa Escolástica pôs-se a rezar com tal fervor que uma grande trovoada se formou com raios e uma forte chuva caiu a noite toda, impedindo-os de regressar aos respectivos mosteiros. Os dois irmãos puderam assim conversar e rezar a noite inteira. No dia seguinte o sol apareceu, eles despediram-se e cada grupo voltou para o seu mosteiro. Essa seria a última vez que os dois se veriam.

Três dias depois, Bento recebeu no seu mosteiro a notícia da morte de sua irmã Escolástica, enquanto rezava olhando para o céu, viu a alma de sua irmã, penetrar no paraíso em forma de pomba. Bento mandou buscar o seu corpo e o colocou na sepultura que havia preparado para si. Ela morreu em 10 de Fevereiro de 547, quarenta dias antes que seu venerado irmão Bento.

(fonte: cf. Santa Escolástica - Vida Cristã - Franciscanos Vida Cristã - Província Franciscana da Imaculada Conceição do Brasil - OFM)


Ao celebrar a memória de Santa Escolástica, nós Vos pedimos, Senhor, que, a seu exemplo, Vos sirvamos de coração sincero e alcancemos a verdadeira felicidade no vosso amor. Por Nosso Senhor Jesus Cristo Vosso Filho que é Deus convosco na unidade do Espírito Santo. Ámen.

quarta-feira, 24 de julho de 2019

SAN CHÁRBEL

São Chárbel MAKHLOUF, rogai por nós! Vida de São Chárbel MAKHLOUF 1828-1898. São Charbel Makhluf (José Makhluf), presbítero da Ordem dos Maronitas Libaneses São Charbel nasceu em 1828, numa povoação do Norte do Líbano chamada Buga-Kafra. Filho de uma numerosa e pobre família profundamente religiosa, desde criança sentia atração pela vida religiosa. Conta-se que gostava de rezar nas grutas para satisfazer a sua sede de Deus. Aos 20 anos percebeu que era o momento de se entregar ao Senhor e entrou no Mosteiro de Nossa Senhora em Mayfouq da ordem libanesa maronita, em Mayfouq, seguindo depois para Annaya. Fez os votos de pobreza, castidade e obediência; mudou seu nome de José para Charbel, um santo martirizado em Odessa, no século II, cuja festa é celebrada pelos maronitas no dia 5 de Dezembro. Após seis anos de preparação foi ordenado sacerdote em 1859 e passou a viver no Mosteiro de Annaya. No ano seguinte, escapou por pouco da horrível invasão turca, onde igrejas e mosteiros foram saqueados e destruídos, e na qual morreram milhares de jovens cristãos. A sua vida religiosa resumia-se à prática da profissão evangélica e austeridade, assiduidade na oração e obediência aos superiores. Jamais se queixou da vida comunitária ou das incompreensões que sofria. Era profundamente humilde. Em 1875, Charbel obteve permissão para viver como eremita no ermo dos santos apóstolos Pedro e Paulo, a 1200 metros de altitude. Procurava, assim, viver na maior austeridade de vida, com um rigor ainda maior do que no convento, consagrando-se ao trabalho no campo, à oração e à penitência. Charbel não foi pregador, nem missionário. Contudo, o seu eremitério era muito procurado para conselho e orientação espiritual. No dia 16 de Dezembro de 1898, Charbel iniciou a celebração da Santa Missa. Todavia, ao recitar a prece “Pai da verdade, eis o Vosso Filho, vítima do vosso agrado! Aceitai-o”, foi atacado pela paralisia e começou a agonizar, sem deixar de orar. Na noite do Natal desse mesmo ano, morreu.



terça-feira, 4 de dezembro de 2018

Em dia de BEATO MARCELINO Martín Rubio e 17 companheiros mártires Trapistas Século XX - Espanha Memória litúrgica a 4 de Dezembro “Entre os mártires há um noviço de 23 anos, frei Marcelino Martín Rubio, aberto e alegre, que no momento da prisão não escondeu a sua condição de religioso". O Beato Marcelino Martín Rubio, nasceu a 4 de Novembro de 1913, em Espinosa de Villagonzalo, província de Palência, Espanha. Aos 15 anos, entrou como oblato na Abadia Cistercience de Estricta Observância (Trapistas) de Viaceli, iniciando o noviciado em 1931, o qual abandonou ao fim de dois anos. Em 1935 regressou ao mosteiro como monge de coro. À época do martírio era noviço. Preso e depois libertado, foi novamente preso e seguiu a sorte dos demais irmãos. Pelas cartas dirigidas a uma tia, monja cisterciense, pode-se observar o processo martirial dele e de todos os seus companheiros. Aberto e de carácter muito alegre, não ocultou a sua condição de religioso no momento da sua detenção final. A 8 de Setembro de 1936 a comunidade foi obrigada a abandonar o seu mosteiro, foram encarcerados e sofreram insultos e vexames. Alguns dias depois foram libertados. Mas, no espaço de poucas semanas, com o pretexto de fazer indagações sobre a proveniência dos seus meios de sustento, foram novamente presos em dois grupos diferentes e assassinados no dia 3 e 4 de Dezembro. A causa de sua morte foi a de identificar-se - exclusivamente - como cristãos e religiosos. A fé foi o motivo da sua prisão e execução, com a agravante de uma procura de dinheiro por parte dos perseguidores. Os Servos de Deus sabiam muito bem o grave perigo que corriam e viveram a sua consagração até ao derramamento do sangue. Uma fé clara, uma caridade sincera e uma esperança inquebrantável concederam-lhe fortaleza para viver até às últimas consequências a sua fidelidade a Cristo e à Igreja. Jamais renegaram a sua condição de religiosos e prepararam-se conscientemente para caminhar, passando pela morte, ao encontro do seu Senhor. Depois, foram levados a bordo de uma barcaça para fora da baía de Santander e depois de lhes cozerem a boca com arames pois “iam a rezar”. Pensavam assim calá-los, a eles, que durante anos se reuniram na Igreja do Mosteiro para, sete vezes ao dia, começar a sua liturgia com as palavras: “Abri, Senhor os meus lábios e a minha boca cantará o Vosso louvor!”. Certamente que fecharam as suas bocas, mas estavam certos de que o louvor ao seu Criador e Redentor, mesmo nos momentos de dor e aparente fracasso, não cessaria. Os seus irmãos, os que viriam depois, continuariam esse louvor, abririam de novo as suas bocas acompanhando-os e confortando-os desde outro lugar com uma presença gozosa e renovada. Foram lançados ao mar com pesados pesos atados aos pés. Lançados às frias águas do Cantábrico, aquele mar que tantas vezes contemplaram desde as janelas do seu mosteiro, umas vezes sereno e azul outras cinzento e encrespado. Frei Marcelino será feito prisioneiro alguns dias mais tarde, sofrendo a mesma sorte do resto dos monges. Tinha 23 anos de idade. O mais jovem dos mártires contava 20 anos (havia vários no grupo com menos de 25 anos) e o mais velho tinha 68. O testemunho destes mártires ilumina e inspira o nosso momento histórico. Os mártires ensinam-nos o amor à Verdade frente ao relativismo e ao fundamentalismo dos nossos dias. Frente ao “vale tudo” e frente ao “nada faz mal”, os nossos mártires recordam-nos que há ideais que são demasiado grandes para regatear o preço a pagar por eles. O martírio indica-nos onde se encontra a verdade do Homem, a sua grandeza e dignidade, a sua liberdade mais genuína e o comportamento mais verdadeiro e próprio do Homem que é inseparável do amor: por isso, o martírio é uma exaltação da perfeita «humanidade» e da verdadeira vida da pessoa. Os mártires são testemunho da fidelidade do homem à sua consciência bem formada como limite de todo o poder e garantia da sua semelhança divina. Foi Beatificado com os seus companheiros no passado dia 3 de Outubro (2015), na catedral de Santander, pelo Cardeal Angelo Amato, prefeito da Congregação para as Causas dos Santos, sob o mandato do Papa Francisco. Fonte: cf. Página Web da O.C.S.O BEATO MARCELINO Martín Rubio, rogai por nós.